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6 dic 2012

Patrioterismo constitucional



1. Propósito

Hoy escribiré en mi lengua “paterna”. Porque me apetece y porque, no sólo siendo hijo y nieto de valencianos, sino también hijo y nieto de manchegos (y valencianos por elección)... y a la vez producto sui generis de la “inmersión” lingüística, me gustaría demostrar y “probarme a mí mismo” que soy “capaz” de escribir en castellano. Casi ná. Bien es cierto que no hago otra cosa: en el trabajo, en los estudios y en una parte importante de mis relaciones personales, pero uno oye tantas cosas en algunas televisiones y en algunas radios, que no sabe ya...

Eso sí: ya puesto a arriesgarme, me marco ante ustedes un objetivo adicional, el más difícil todavía: cometer menos errores escribiendo en castellano, incluso, que los que algunos otros, felizmente “no inmersos”, cometerían al escribir en la otra lengua supuestamente cooficial en Valencia: el valenciano. (Ya saben ustedes: esa hermana pobre, innombrable por muchos y ninguneada por casi todos desde fuera y, demasiado a menudo, desde aquí).


2. Aquellos hermosos años...

Uno, a medida que crece y experimenta, verifica hasta qué punto los referentes sentimentales y simbólicos van evolucionando a lo largo de la vida. Un servidor se recuerda a sí mismo celebrando como un poseso los goles de la selección española, y acudiendo, con dieciocho años escasos y una inocencia aún por pervertir, a participar, voto en mano, de la “fiesta de la democracia”, de la gozosa legalidad “que todos nos hemos dado” y que debía asegurar el bienestar de todos y el reparto justo de la riqueza.

Algunos lustros después, y sintiendo no poder transmitir al lector la más mínima brizna de esperanza racional (porque la otra, la irracional, es la última que se pierde, y no hace falta que nos la cuenta nadie), me hallo descreído no sólo de aquella primavera democrática del “estado social (jajaja) y democrático de derecho” que proclama la Constitución cuyo día se conmemora hoy, sino también del propio fútbol: no hace tanto, fuente de felicidad, distracción y conversación fácil en el (extinto) almuerzo de la oficina, pero que hoy se presenta ante mí cual entramado maléfico que sirve para poca cosa más que para engrosar las fortunas multimillonarias y ennegrecidas de unos pocos... y para colaborar en el hundimiento de la economía del país.

Sí, sí, hundimiento del país: vía instituciones bancarias como las que, un día, con un poco de suerte, relataremos a nuestros nietos que fueron valencianas, centenarias y benéficas (por ley y por los hechos), y que después de haber sobrevivido a una guerra civil, dos guerras mundiales, varias dictaduras e innumerables periodos inciertos en lo social y lo económico, quiso la ironía del destino que fueran llevadas a la ruina por nefastos gestores elegidos supuestamente desde la más absoluta de las legitimidades democráticas.


Pero tenemos el fútbol. Claro que lo tenemos. Un país tiene lo que se merece, y después de tal inversión astronómica durante décadas de pesetas, de euros y de lo que haga falta y de tantos millones de cuerpos y almas dedicados al enaltecimiento del arte balompédico, España se merece que seamos multicampeones europeos y del mundo. Somos los mejores. Qué maravilla. Superado el subidón de adrenalina, preguntémonos cómo nos ayudarán estos éxitos futbolísticos, a los treintañeros de ahora, a cobrar la pensión de jubilación dentro de unas cuantas décadas. Se admiten respuestas; es más, se reclaman.

Qué se le va a hacer. Cada uno se entera de que los Reyes Magos son realmente sus padres... a la edad que se merece. Bonita metáfora de la vida, la de esta ibérica costumbre de los reyes de Oriente, y que Su Santidad parece que ha reafirmado gozosamente en su último ensayo teológico. Amén.


3.   Privatizar (con perdón) y cobrar tasas (con más perdón)

Por cierto. Ahora lo patriótico y lo constitucional es privatizar (los beneficios, claro, porque para enjugar las pérdidas privadas siempre nos quedará el dinero de las pastillas del colesterol de los abuelos, o el del subsidio del parado que lleva dos años sin trabajar por puro gusto).

Esto de la optimización viable de la sanidad, como en tantas otras cosas (léase televisiones públicas, entes ferroviarios y demás), lo que quiere decir, en pocas palabras, es que lo que nuestros políticos han conseguido arruinar previamente por su inoperancia gestora y el saqueo de décadas de gobierno, ahora malvenderán a sus amiguetes para que, costando esa gestión supuestamente menos dinero al erario público, sus coleguillas (que curiosamente son ahora más listos en la empresa privada que cuando contaron con responsabilidades de gobierno en la administración: ellos, o sus esposas, o sus hijos, o sus sobrinos) puedan ganarse un dinerete ofreciendo al sufrido contribuyente la misma calidad asistencial de antaño: sin recontrapagos, colas de horas ni esperas de seis meses (jajajaja, la risa tonta va en aumento).

Opinar lo contrario, o como mínimo dudar de las intenciones de estos gestores de idea feliz, no es razonable: es ideológico y antiespañol. También es ideológico, se conoce, que a uno le parezca raro o se queje de que, siendo un pobre mileurista, ahora deba adelantar una pasta (dependiendo de los casos, hasta el sueldo de medio año) si quiere llevar ante la justicia a la administración cuando se considera víctima de alguno de sus desmanes (que puede ocurrir; que nadie es perfecto, señor Gallardón). O que, si quiere denunciar a un vecino moroso, la comunidad deba adelantar también al erario público una cantidad equivalente a la que el incívico inquilino adeuda al resto de sus convecinos...

Vale, vale, de acuerdo: que hay que darle faenica a los bancos, hombre. Que esos préstamos para poder adelantar las tasas del juzgado a los pobres litigantes sí que nos los concederán, aunque habrá que ver con qué intereses (que seguro que no nos los devolverá el señor ministro de gracia e injusticia aunque ganemos el pleito hasta en el Constitucional).

La lógica, sin embargo, es aplastante: los congestionados juzgados se vaciarán, a base de hacer pagar al personal (mileurista o de clase media; a los grandes les dará exactamente lo mismo, como siempre), ahora que ya no hay dinero para construir más suntuarias Ciudades de la Justicia ni contratar más jueces. Y si no se vacían (malditos reclamantes), las tasas a devolver en diferido sólo contribuirán al aumento de la deuda del Estado cuando éste deba retornar, diez o quince años después (que ya no habrá crisis, tranqui, que ya no habrá crisis) el diezmo que se le cobró por anticipado a ese sufrido españolito que se empeña de forma recalcitrante en reivindicar sus derechos frente al delincuente... Tasas que por el momento servirán para poder pagar el recibo de la luz y el agua de los ministerios, las cincuenta y dos delegaciones provinciales, las dependencias del Senado y las lujosas embajadas en los países más exóticos de la Tierra. Que no es poco.


4.  Las pérfidas autonomías y los rudos dialectos regionales: el mal de nuestro tiempo.

Pero no nos preocupemos. Tenemos la solución. La culpa es de las malvadas autonomías. Todo se resuelve permitiendo endeudarse más al Estado y cerrando simultáneamente el grifo a las comunidades autónomas que, oh maravilla, son precisamente las que tienen la responsabilidad de asegurar una educación, una sanidad y unos servicios sociales de calidad a los mismos sufridos contribuyentes. Cuando ya no los puedan pagar, los privatizaremos. Y aquí paz y después gloria. Hay 60.000 millones para los bancos, pero no se pasen de los 18.000 para las autonomías, porque si no, se romperá España. Más vale que, mientras tanto, no se nos ocurra rompernos un brazo o una pierna.

En ese marco incomparable de recentralización, el placer de reducir el catalán, el vasco y el gallego a asignaturas de cuarta categoría en la enseñanza reglada enjugará por unos días, a ese español medio de rancio abolengo castellano, el mal sabor de boca causado por los recortes económicos y sociales sin fondo y, sobre todo, por la íntima vergüenza de llevar décadas colaborando, con su voto, a hacer crecer el pastel que tenemos hoy. Si unos se exceden en un sentido, nosotros en el contrario, y cuando nos hayamos matado todos, el conflicto estará resuelto. Fantástica estrategia para la distensión "nacionalista" (de unos y de otros).

Por cierto; que casi se me olvida, che, con tanto hablar de España: al idioma valenciano, como es habitual, ni se le nombra, gracias a los que lo consideran una molestia prescindible, a los que creen que directamente no existe, pero también a muchos de los que dicen, a su manera, amarlo y defenderlo (aunque nunca mejor aplicada la frase de que “hay amores que matan”). Como si esto no fuera con nosotros. Mientras les den leña a los catalanes, todo va bien, y aquí seguimos en Jauja.

Y aunque en su Título Preliminar (ése que no se puede modificar sin mayoría cualificada de las Cortes antes y después de convocadas elecciones generales, y sin un referéndum específico) la Constitución afirma que hay más lenguas españolas oficiales aparte del castellano... y eso pensábamos los que un día creímos en la España compuesta, múltiple, variada, democrática, próspera, moderna, europea, culta, amable, reconciliada con su pasado y con añejos derechos de conquista, y respetuosa con la diversidad ideológica y lingüística... ahora comprobamos con estupor, en tiempos de crisis económica y de recorte de servicios básicos, que españolizar a los españoles quiere decir pagarles la escuela privada a los que quieran estudiar exclusivamente en castellano aunque vivan en Xinzo de Limia o en la Granja de la Costera (lugares donde hasta las piedras hablan, respectivamente, gallego y valenciano desde bastantes siglos antes de que Cervantes escribiera el Quijote). Se trata, para el ministro, de asegurar que los derechos individuales no sean coartados por los colectivos. Miel sobre hojuelas, pero una preguntita: ¿no estábamos en crisis? Porque "pagar", quiere decir pagar: en euros.

Llegados a este punto, uno se pregunta cómo harán en Suiza para “suicizar” a los suizos: si pagándoles la enseñanza en alemán, en francés, en italiano o en romanche; o (en Suiza, como en Alemania, o en Estados Unidos) cómo se lo montarán para vivir prósperamente y, lo que es más sorprendente todavía, con razonable orgullo patriótico, manteniendo semejantes sistemas políticos federales o confederales que, supuestamente, no llevan aparejada más que la aberración y la ineficiencia; todo lo contrario que "saludables" sistemas centralizados como los de Portugal o de Grecia...

Lástima que, desde el otro plato de la balanza, a los miles de niños que quieren estudiar en valenciano y no pueden, no les pague el señor Wert nada de nada; o que a nadie le importe ni al señor ministro, que estas cosas le deben sonar a chino, ni tampoco a la torrentina señora Català que los que sí tienen o hemos tenido la suerte de estudiar “inmersos” en valenciano (si bien, defectuoso en el modelo lingüístico y en los referentes culturales e identitarios), nos hemos tenido que buscar luego la manera de “revalencianizar” unos criterios pedagógicos e idiomáticos que no hacían más que incidir, de una manera añadida a la castellanización galopante, en nuestra alienación cultural y lingüística, pasada en esta ocasión bajo el tamiz catalanista de la barretina y la sardana... De forma aplaudida o, simplemente, tolerada desde 1982 por cualquiera de los acomplejados políticos valencianos que, desde su absoluta vacuidad en materia histórica, cultural o lingüística, han tenido y tienen responsabilidades en este ámbito.


Pero no todo es culpa de los políticos. Primero, porque somos nosotros quienes los elegimos con nuestro voto. Y segundo, porque aquí priva más dar cañonazos a los catalanes desde este lado del Sénia que centrarse en defender un modelo lingüístico claro y definido, culto y tradicional al mismo tiempo, respetuoso con la conciencia no dialectal de los valencianos, que muchos llevan defendiendo contra viento y marea desde hace treinta años (sí, sí, el de la RACV, el de la RACV): practicándolo, oralmente y por escrito, todos los días del año, que es la forma verdaderamente efectiva de defender un idioma: la forma más natural, que debe dar fermento y caldo de cultivo a otros movimientos más ambiciosos.

En pocas palabras: pesadillas del ministro de Educación aparte, la solución no es suprimir las líneas en valenciano, sino revalencianizarlas, formar cívicamente a los padres y a los abuelos y que éstos reclamen un modelo lingüístico netamante valenciano, reforzado por ellos de la forma más fácil: transmitiendo a los hijos, a los nietos, la lengua por vía oral. Por desgracia, me da la impresión de que algunos, en su afán de defensa del idioma, borrarían el valenciano del Estatuto de Autonomía por miedo a que, por ser oficial, nos lo conviertan en catalán. Como aquel Bush todo un presidente de la monarquía norteamericana que dijo que la mejor manera de prevenir los incendios era talar los bosques.

Uno pensaba que la igualdad y el bilingüismo real entre lenguas cooficiales es la que asegura que todos los escolares, al acabar la enseñanza obligatoria, dominen por igual el valenciano y el castellano (venga, va: y el inglés también, porque habrá que emigrar para trabajar). Ése es el objetivo. ¿Se consigue en la actualidad? No. ¿Por qué? Porque todo el mundo habla, lee y escribe el castellano (limitaciones intelectuales aparte), pero no todo el mundo lo hace en valenciano. ¿Solución? Se aceptan propuestas y mejoras, tanto para conseguir este objetivo como para no herir susceptibilidades identitarias ni en un sentido ni en otro; pero lo demás ni es bilingüismo ni es nada: son ganas de cansar al personal y de aplicar una ideología política bastante añeja, pero que tiene bien poco de bilingüe.

(Uy, que casi se me olvida. También está aquello de reducir el fracaso escolar, dotar de medios a los colegios para que no se hundan los techos sobre los aguerridos escolares de hoy, formar a ciudadanos competentes y con opinión propia, asegurar la continuidad del actual sistema económico y de bienestar mediante la formación completa y exigente de las nuevas generaciones, de manera adaptada a sus aptitudes, cualidades e intereses... pero eso no priva tanto al personal. El tema lingüístico es como el fútbol: caras pintadas con los colores propios, discusión en el bar y reparto respectivo de carnets de socio, ¿mola, eh?)

Ay, Señor, cuánto nos queda todavía...


5.  La España de ayer, de hoy y de siempre, por los siglos de los siglos

Esta es la España de hoy, damas y caballeros. Poca cera más queda, más allá de la que arde. Y respecto a la España de ayer, más vale que no la olvidemos: pero sobre todo, para no volver a repetirla. Aún estará bien hecha esta Constitución y todo, si ha conseguido lo que no hicieron las siete constituciones anteriores: durar más de diez años en vigor sin golpes de estado exitosos (aquí anduvimos en el filo de la navaja), guerras o revoluciones.

¿He dicho guerras? Hablemos de los desfiles militares, a los que algunos (esos que suelen proclamar que todos los nacionalismos son aberrantes; claro, todos menos el nacionalismo de ellos) son tan aficionados, con esas abigarradas celebraciones coloristas. Pues mire usted: me parecen bien. Sí, sí: ha leído correctamente. Me parecen bien.

Me parecen bien porque es moralmente irrenunciable que hoy recordemos el valor y la heroicidad de esas pobres gentes del pasado que no tuvieron suficiente dinero como para evitar ir reclutados a la guerra (2.000 pesetas de la época, en el caso de la Guerra de Cuba). O el de esos mandos del ejército que creían realmente estar protegiendo a su patria invadiendo países africanos, o atrincherados, un año después de perdida la guerra de Cuba, en una iglesia de las islas Filipinas. Por ejemplo. Pero ojo: no me parecen bien si lo que se pretende es recordar unas “gestas” militares que, cuando no fueron para matarnos entre nosotros, lo fueron para sojuzgar a pueblos tranquilamente dormitantes en sus tierras de origen (en ocasiones, para, una vez “españolizados”, incluso en su DNI, volverlos a abandonar a su suerte: y ahí tenemos el Sáhara Occidental, y no hace ni 40 años, para escarnio de los que miran con orgullo no sé qué pasado glorioso).

Uno se pregunta si todo esto es realmente debido a la inutilidad gobernante, a que verdaderamente tenemos lo que nos merecemos, cual purgatorio en vida, o, de tan perfecto que resulta, a un plan establecido no se sabe por quién ni desde dónde. Uno se pregunta también dónde están esas gentes pensantes, formadas y que saben hacer bien las cosas: empresarios, universitarios, profesores, que seguramente podrían ayudar, sugerir y encauzar mejor la situación que estas sectas del blanco o negro en que se nos han convertido los partidos políticos mayoritarios. Pero claro, ¿a quién le interesa? A todos, menos a los del blanco o negro. Y esos son los que mandan. Los que pagan (aunque sea a 240 días).


6.   La clase media, despedida y cierre

Sea como sea, atémonos los machos: todos, pero especialmente los que aún nos creemos parte de esa biempensante y pacífica clase media, porque dentro de poco hasta los linces ibéricos nos superarán en número. Porque si nadie lo remedia, vamos hacia la sociedad dual que creíamos superada, y que volvemos a tener a la vuelta de la esquina: ricos contra pobres, y la patria de la cuna que vence a la patria del lugar de nacimiento.

Siguiendo el razonamiento de una persona importante dentro del empresariado valenciano (colectivo al que, a pesar de todo, aún le cuesta librarse de la postura genuflexa y chupóptera del poder), el problema no es que haya personas que trabajen en un cometido tan digno como el de camarero: el problema es que vayamos a un modelo productivo en el que no se pueda trabajar de otra cosa.

Y eso no es sólo un problema político: es un problema de toda la sociedad, que no sé si es culta o inculta, consciente o inconsciente, si sabe realmente lo que le pasa o no lo sabe. Pero si no lo sabe, hay dos opciones: estudiar e informarse para saber, o refocilarse en la ignorancia y en la paulatina vuelta a la esclavitud como forma de gobierno que nos ha de proporcionar pan y circo. Y en esta lucha, nos quedan dos fuertes, dos aldeas galas que deberán ayudarnos en la empresa: la justicia y los medios de comunicación... siempre que no sucumban también a las sectas del blanco o negro. Porque sin justicia justa y sin periodismo libre de ataduras ideológicas, no hay democracia que valga.

En fin. Mañana será otro día. He sufrido una crisis, lo reconozco. Hoy estoy de lo más cenizo, demagógico y botella-vacía, y la alternativa a este ladrillo era la úlcera de estómago. Así que cébense con Masclet (o Masclete, en versión española) todo lo que quieran, y pido disculpas por las ofensas, así como espero perdón por parte de los ofendidos. Pero contra un estado de ánimo tan científicamente razonado como el que presento hoy, no hay química médica que valga (más allá de la benéfica y valencianísima borrachera de cazalla). Y menos aún, si la prescripción facultativa ya no la cubre la Seguridad Social...

Pero ojo, alerta, achtung, beware of the dog: entre subida de la luz y subida de la gasolina, entre la dichosa factura del móvil-inteligente-sin-el-que-ya-no-podemos-vivir y el pago por adelantado de las tasas de la basura, vayan ustedes con cuidado con la inmersión lingüística. Con mucho cuidado, porque acecha tras las esquinas y te revienta el trastero del garaje (como a mí, anoche, sin ir más lejos) cuando menos te lo esperas. Miren, si no, los setecientos mil valencianos en el paro o el 60% de paro juvenil. Pero no sólo con la inmersión (supuestamente) valenciana, sino también con la inmersión lingüística del Colegio Alemán o la del Liceo Francés: no sea que sus hijos se les levanten una mañana pidiéndoles un café au lait o cantando el Deutschland über alles mirando hacia Berlín... que eso estaría muy feo.


6 mar 2009

Les parles valencianes de transició

Quan Déu va crear lo món, va encarregar a Sent Pere que repartira les llengües per la terra, i Sent Pere anava en un cabaç donant a uns pobles el valencià i a uns atres el castellà; pero quan va arribar a la Canal de Navarrés, estava cansat i com no tenia ganes de fer faena, Sent Pere els va tirar el cabaç i va dir-los: -Vosatros, parleu com pugau! I des d'ençà que parlen com poden, mig en castellà, mig en valencià.
Això contaven en Xàtiva, segons arreplega Manuel Sanchis Guarner en Els pobles valencians parlen els uns dels altres. L'atra versió és la de Navarrés, que diu aixina:
Disen que cuando Dios andava repartiendo las lenguas por el mundo, a unos pueblos lis dava el valenciano y a otros el castellano, pero en llegar al Muntot va entropesar y li va caer el cabaso en medio de la Canal. Por eso nosotros hablamos tan rebolicao.
Este fenòmen l'arreplega ya Cavanilles en les seues Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del reyno de Valencia (1795), dient que en Anna "se habla un dialecto que tiene más del valenciano que del castellano" i que estén a la majoria de pobles de la comarca, com Énguera, Navarrés o Chella. Una parla que va diluint-se cap al Nort, fins a desaparéixer totalment en Millars i Cortes de Pallars.


El fenòmen no és exclusiu d'esta comarca (el mateix Cavanilles nomena atres casos semblants, com el de Fanzara en l'Alt Millars), i és conegut el castellà tradicionalment sessejant i reblit de valencianismes que parlen (o parlaven) moltes poblacions de l'interior valencià, com el Villar de l'Arquebisbe, Tous, Godelleta, i en general, bona part de les comarques dels Serrans, l'Alt Palància i la Foya de Bunyol.

Esta parla mesclada, a la que en la Canal se referixen en el nom de "chapurrau" (paraula que s'usa també en Aragó per a referir-se a les parles de raïl aragonesa i, sobretot, de les comarques frontereres en Catalunya), distinguix entre b bilabial i v labiodental, s sorda i sonora, vocals obertes i tancades, i usa el perfet perifràstic en lloc del perfet simple castellà, entre atres singulars característiques.

Curiosament, se pot trobar, en general, ben poca informació sobre la mateixa. Sobre tot, si ho comparem en atres casos pareguts, com les ya mencionades parles de transició d'Aragó, o les existents en la frontera llingüística que separa el gallec i el portugués per una banda, de l'asturià, el lleonés i el castellà per atra. Després de Sanchis Guarner, a qui sempre cridaren molt l'atenció les modalitats llingüístiques castellano-valencianes del nostre interior, no hi ha hagut (que sapiam) ningun estudi al respecte que tinguera la difussió que es mereixeria.

Fon pràcticament per casualitat (per una chicoteta obra que vaig haver de visitar en Anna) que em vaig poder comprar un llibre en un quiosc del poble (El hablar de Anna, d'Emili Martí i Salvador Aparicio) que conté un diccionari de paraules agneres i un chicotet estudi llingüístic. D'este llibre extrac unes quantes frases de la parla pròpia d'estes terres, que no tenen desperdici i que mostren fins a quín punt arriba la mescla de llengües:

En el bullido pongo siempre dos o tres sebas

El ponient me ha hecho una estrosa en las tomateras

Ha pegau un esvarón que quasi m’ha caído

M’hase mal el front

Aguaño los pebrasos están a garberas

Lo va her trabajar hasta sacar el lleu

Gato escaldau, con agua chelá tie prau

No sé qué li passa a la chiqueta que no para de chemecar


Pentínate el moño, que pareses un peluchón


Lo van pillar y lo van tancar en la presón


Ha plantau dos ambercoqueros primerencos


Ixe gatico tan runoso m’ha de llevar yo?

Voy a escampar guiemo pa sembrar queraíllas


Estova bien el matalap


Ves-t’ende! No t’ajunto!


Me’n voy paca casa

A mí dame buenas cuixas y buenas chullas

Encá que m'obligues, no tengo que ir

Parese que hase buen orache

Esta parla s'estén, en certes diferències, a atres pobles, i especialment, a Énguera (o Engra en la parla local), en la que és famosa, per eixemple, la lloca de Agna, que la varon tancar en la presón (perque avalotava massa) o les recomanacions respecte a que En Agna, no passar por la calle del Tint, que los frichen (dites, estes dos, arreplegades també per Sanchis Guarner).

Inclús se celebren recitals en "parla enguerina", i els premis lliteraris que organisa l'Ajuntament d'Énguera permeten participar a "todos los escritores/as que lo deseen, presentando sus escritos en castellano, valenciano o parla enguerina"....

Estes parles han suscitat entre els estudiosos les majors controvèrsies. S'ha fixat el seu orige en la repoblació de la comarca per aragonesos, o be castellans, que han conservat sense modificacions un hipotètic castellà arcaic. S'ha proposat també la valencianitat originària, en quant a llengua, de la comarca, i una posterior castellanisació deficient que ha donat com a resultat la parla que actualment coneixem.

Per a alguns, estes parles de transició serien la prova de l'autoctonia d'un idioma valencià anterior a la conquesta, que antigament confrontaria en les parles més pròpiament castellanes d'interior a través d'estos dialectes de transició, que devien tindre una major extensió i diferenciació, i que varen anar desapareixent (com desaparegué el mateix idioma valencià de ciutats com Oriola) després dels canvis demogràfics derivats de l'expulsió dels moriscs i l'immigració castellanoparlant dels sigles XVIII i XIX...

La qüestió és que frases agneres com les anteriors, recorden molt les que escritors com Escalante o Bernat i Baldoví, o publicacions populars com La Traca o el Tio Cuc, solien posar en boca dels churros que emigraven, entrat el sigle XIX i a començaments del XX, a les ciutats de Valéncia o Alacant, o dels mateixos valencians que, incapaços de parlar castellà correctament, usaven, quan intentaven comunicar-se en la lengua del imperio, un híbrit que es coneixia com a "castellà de Russafa" (cóm han canviat les coses en cent anys escassos en el nostre ex-castiç barri...).

Esta mateixa comparació la fea a principis del sigle XX Jochim Martí i Gadea, en descriure la parla de la Canal de Navarrés en la seua famosa obra Tipos, modismes i coses rares i curioses de la Terra del Che:
En Agna parlen una jerga, mescla de castellà i valencià, pijor que lo que diem castellà de Russafa
El problema d'estes parles, cada volta més, és la seua inexorable desaparició. L'extensió del castellà normalisat en l'escola i els mijos de comunicació els ha donat el colp de gràcia. Les noves generacions, per lo que sabem, ya no solen parlar-les, llevat d'alguna paraula típica o alguna frase feta. Els jóvens parlen ya un castellà pràcticament estàndar, en el que la seua autoctonia valenciana ha desparegut en gran mida. Com diu l'autor de El hablar de Anna:
Pero la razón principal que me ha impulsado a esta publicación es el observar ya la práctica desaparición actual del habla tradicional de Anna. Se oyen, eso sí, palabras o expresiones propias, pero de forma aislada y, a veces, con la extrañeza de sus mismos habitantes. Todo ha contribuido a que el fenómeno de la desaparición del "arnero" se consumara con el paso de una o dos generaciones. Mi sensación al trabajar en este libro ha sido similar a la del que enmarca una foto del padre fallecido, o del que ha derribado su casa, recoge la cerámica y la usa como elemento decorativo, muestra de lo que hubo allí en otro tiempo.
Els últims mohicans-valencianoparlants de la ciutat de Valéncia entenem be eixe sentiment...


1 nov 2008

Coses que MAI hauria pogut escriure yo (II) - Qué bonita está Valencia, que no nos la cambien


En juny d'enguany aparegué una carta en la secció de Cartes al director del diari Las Provincias, que inserte a continuació:
Que no cambie Valencia

Estoy cada día más preocupada por todo lo que oigo sobre el cambio de rumbo de Valencia con respecto al idioma. Los valencianos siempre han sido inteligentes, abiertos, alegres y no tienen nada en común con los catalanes. Valencia ha avanzado, no se ha estancado desde hace tiempo.

Da gusto ir a Valencia. En Valencia se oye el valenciano y el español a la vez. Los que no sabemos valenciano no tenemos ningún problema como se puede tener en Cataluña, Galicia o el País Vasco. No, Valencia no. Valencia mira al futuro y el futuro no es cerrarse hablando un idioma interno. Es de inteligentes saber que estudiar en otro idioma que no sea el español (hablo de este país) es cerrarnos a la cultura, a saber más, a tener mayor futuro, y eso no nos lo podemos permitir.

A los que vamos a Valencia, porque amamos Valencia, nos estimula su alegría, su apertura, sus ganas de superarse, todo. No soy nacida en Valencia pero soy hija de valenciano, no vivo en Valencia sino en Madrid pero vivo por Valencia, muero por Valencia, sueño en Valencia y me enorgullezco de Valencia. No quiero que Valencia cambie y nos introduzcamos en esos nacionalismos que no nos llevan a nada más que a odios y a perdida de futuro.

Y lo que más me gusta del mundo es oír el himno de Valencia delante del de España.

Amunt Valencia. Te amo, Valencia.
No poguí resistir-me a escriure la següent contestació, que em publicaren uns dies després:
Valencia ya cambió

Tengo 31 años. Nacido en Valencia, e hijo de albaceteño y valenciana. Cuando mi abuela materna era joven, allá por los años 20 y 30 del siglo XX, ya fuera en el Cabanyal, donde nació, o en el Carmen, donde vivió su juventud, y ya no digamos la Huerta, lo raro en esta ciudad era oír hablar castellano: ella me lo contaba. El castellano, sobre todo, se escribía. Y también se hablaba, claro: por las clases más privilegiadas (aunque algunos seguían hablando valenciano en su casa); por los inmigrantes del interior de Valencia y de Aragón, que enseguida aprendían el valenciano; y por supuesto, en la escuela. Pero el valenciano era la lengua general hablada –y cantada– en toda la ciudad. Periódicos como La Traca, escritos íntegramente en valenciano, tenían unas tiradas que para sí querrían hoy algunos.

Pero a partir de los años 40, y por diversas circunstancias (políticas, sociales…), una generación entera de valencianos de la capital decidió que la lengua de nuestros reyes forales, el idioma valenciano con el que San Vicente Ferrer predicó por toda Europa, no era digno de ser transmitido a sus hijos, a los que el idioma castellano debía asegurar, supuestamente, un futuro mejor. Y gracias que no les imitaron los valencianos de los pueblos, porque de lo contrario el valenciano sería hoy una lengua muerta.

Por eso, que la señora C. M., en su carta publicada el pasado 6 de junio, se queje del “cambio de rumbo de Valencia respecto al idioma” por los intentos de recuperar el uso del valenciano, me produce el más profundo estupor. Y me ofende personalmente cuando dice que “estudiar en otro idioma que no sea el español es cerrarnos a la cultura”. Yo estudié en valenciano toda la educación secundaria. Ello me permite hablar, leer y escribir correctamente nuestros dos idiomas, y me facilitó acabar después una carrera. No creo que porque los niños de Badajoz o Écija estudien sólo el castellano sean más cultos que los de Algemesí o Benicarló por estudiar valenciano y castellano: en todo caso, será al revés, porque los nuestros conocerán perfectamente dos lenguas españolas.

Comentaris:

1) La realitat és que la carta d'esta senyora reflectix, en poques llínees, una forma de pensar molt característica d'un determinat sector sociològic dels valencians; i no hi ha cap diferència entre haver naixcut fòra o dins de Valéncia, perque com tots sabem, una generació sancera d'habitants de les ciutats de Valéncia i Alacant (en honroses excepcions que sempre es donen), decidí en son moment (o, simplement, acceptà com a normal) que parlar valencià havia de reduir-se a una questió folclòrica de gent inculta (quan no separatista), ya que hablar bien el castellano es de gente de cultura. Algun dia ampliarem este fet històric.

Un bon eixemple és la nostra alcaldessa quasi-perpètua per voluntat popular, naixcuda en aquella época, que és valenciana per les dos branques i de vàries generacions, pero que no amolla ni una en valencià excepte el dia de la Crida (per allò de una vez al año no hace daño).

2) Si es llig alguna de les opinions ya insertades en este blog, s'haurà deduït que no soc precisament sospitós de catalanisme redomat. Pero ya cansa que el fantasma català servixca com a coartada per a acabar de culminar la substitució de la llengua valenciana pel castellà en les grans ciutats valencianes i, cada volta més, en les poblacions mijanes i les ciutats dormitori del seu entorn.

Qui haja viajat a Galícia, el País Basc, Catalunya o les Balears sap perfectament que, llevat de quatre radicals, ningú es posa a parlar en el seu idioma propi si veuen que no els entens. Pero atra cosa molt diferent, és l'exigència de que, qui vullga treballar allà, haja de tindre uns coneiximents mínims de les dos llengües oficials del territori, i més encara si son funcionaris, és dir, servidors de l'Estat i dels ciutadans.

És intolerable que encara ad estes altures se donen les típiques situacions de hábleme en cristiano que no le entiendo, i lo de la mala educación per parlar en valencià a castellanoparlants que porten tota sa vida vivint en Valéncia. Si yo estic en la meua terra, i parle en una llengua que és la pròpia i oficial d'eixa terra, tots els funcionaris, com a mínim, han d'entendre'm sense posar cares rares. Lo demés és discriminació i bilingüisme fals, és dir, diglòssia. ¿S'imagineu un President del Govern d'Espanya que no sabera parlar castellà? Puix això.

3) Me toca també la moral això del español. Que el castellà siga la llengua espanyola més generalisada i l'única que s'ha extés per l'estranger, no vol dir que les atres llengües pròpies no siguen també tan espanyoles com el castellà; dir lo contrari, és tant com dir que els que les parlem no som espanyols. És això lo que volen realment? Com molt bé diu la Constitucio Espanyola de 1978, artícul 3:

1. El castellà és la llengua espanyola oficial de l'Estat. Tots els espanyols tenen el deure de conéixer-la i el dret a usar-la.

2. Les demés llengües espanyoles seran també oficials en les respectives Comunitats Autònomes d'acort en els seus Estatuts.

3. La riquea de les distintes modalitats llingüístiques d'Espanya és un patrimoni cultural que serà objecte d'especial respecte i protecció.

4) Lo de la puntaeta de l'himne espanyol després del valencià me rust, ho senc. Respecte profundament a qui pense lo contrari, pero no sé qué pinta l'himne d'Espanya en la cremà de la falla de l'Ajuntament, o en la davallada de la Senyera, immediatament després d'interpretar de forma apoteòsica (no es pot tocar d'atra manera) l'himne de Valéncia. En expressió popular, me trenca el rollo patriòtic de forma absoluta. Me pareix com un signe de dir "vos deixem que toqueu el vostre himne, pero no s'emocioneu massa, i recordeu a qui perteneixeu realment". ¡Com si la lletra (oficial) de l'himne de Valéncia deixara lloc a algun dubte!. A cada acte lo seu: de la mateixa forma que seria absurt tocar també l'himne de les 17 comunitats autònomes cada volta que es toca l'himne d'Espanya (per eixemple en la festa del 12 d'octubre), o tocar també l'Asturias patria querida cada volta que Alonso guanya una carrera, o la Balanguera quan Nadal guanya un torneig.

5) Diu esta senyora: "Valencia mira al futuro y el futuro no es cerrarse hablando un idioma interno. Es de inteligentes saber que estudiar en otro idioma que no sea el español (hablo de este país) es cerrarnos a la cultura, a saber más, a tener mayor futuro, y eso no nos lo podemos permitir."

Fixeu-se en el raonament implícit d'eixes paraules:
"español" = futuro, cultura, inteligencia, saber más.
valencià = pasado, incultura, ignorancia, saber menos.
Ésta és la curiosa forma en que esta senyora (i molts valencians) diu amar a Valéncia i la seua personalitat.

6) Resulta irònic que la carta es titule "Que no cambie Valencia". Qui conega l'història recent d'esta ciutat sap perfectament quin era l'idioma majoritari fa cent anys (el valencià), i quin ho és ara (el castellà). Si en lloc d'haver segut substituït pel castellà, el valencià haguera sucumbit a mans de l'àrap o el romanés, tal volta l'opinió d'esta senyora i d'alguns suposts "valencianistes" d'extrema dreta seria diferent, pero el fenòmen seria exactament el mateix.

Efectivament, Valéncia ya va canviar majoritàriament de llengua, en un procés antic pero que s'agudisà de forma absoluta des dels anys 40 del segle XX. No es tracta de renunciar al castellà, llengua internacional que nos permet comunicar-nos en els atres pobles d'Espanya, i que en forma de modalitats llingüístiques particulars, és també pròpia de moltes comarques valencianes de l'interior. I que ha estat present en la nostra lliteratura des de fa segles. Pero és que saber parlar, llegir i escriure be el valencià no impedix parlar, llegir i escriure castellà (i viceversa); tot lo contrari. És més, facilita l'aprenentage d'atres llengües (com l'anglés, Ciudadanías a banda), perque acostuma al parlant a canviar de llengua en més facilitat, com ho demostren multitut d'estudis.

Dels valencians del segle XXI depén que l'idioma valencià, a partir del convenciment i la divulgació de la nostra història i cultura, i mai des de l'imposició, se mantinga i torne a recuperar-se mínimament; o pel contrari, que passe a engrossar la llista de llengües mortes. Els signes actuals respecte a la seua evolució futura són contradictoris; la millor tàctica és ser conseqüents en lo que es predica (cosa no massa habitual entre alguns valencianistes).

Pero que quede clar: la llengua valenciana serà lo que els valencians vullguen; ningú la defendrà si nosatros no la defenem. I si els valencians volem que desaparega, o simplement nos dona igual, despareixerà, no ho dubteu.