11 ago. 2010

Rellegint a Almela i Vives


Se nota que en estiu hi ha més temps per a llegir.  I per a rellegir. Per eixemple, lo que estic fent ara en el vinarossenc Francesc Almela i Vives; concretament, la seua coneguda obra Valencia y su reino (1965), una guia sobre la geografia, l’història i la cultura dels valencians, en enquadernació de calitat i moltes ilustracions, que aparegué –crec que poc dissimuladament- com a resposta a una obra anàloga de Joan Fuster (El País Valenciano, de 1962), semblant en format pero prou diferent en l’espirit i l’intenció.


Vos proponc llegir alguns paràgrafs. Com no era qüestió de copiar tot el llibre, he triat uns quants com a mostra, que crec prou interessants (els subrallats i les acotacions són meus):


Desde cierto punto de vista, ha constituido una verdadera desgracia que la palabra Valencia sirviera para designar al mismo tiempo una ciudad y el territorio de que esa ciudad era capital.

Bien es verdad que durante siglos tal circunstancia no constituyó problema. Tan compenetrada se hallaba la Ciudad con el Reino y tan compenetrado se hallaba el Reino con la Ciudad que en los tiempos aludidos se empleaba con toda naturalidad, en los documentos, una expresión tan acreditada como la Ciutat e Regne de Valéncia, fórmula que ciertamente encerraba la ventaja de proclamar por sí misma la existencia de dos entidades, aunque ostentaran el mismo nombre.

Por otra parte, cuando Jaime I y sus sucesores hacían constar en la cabecera de la respectiva documentación que eran reis d’Aragó, de Valéncia, de Mallorca, etc. –aparte de comtes de Barcelona-, todos sabían, por lógica deducción, que el vocablo Valencia se refería al Reino. No había problema, pues.

Ha sido en tiempos modernos cuando se ha manifestado ese problema. [...] Por de pronto se alegaba una razón de carácter práctico [...]. Pero -¿por qué no decirlo?- detrás de la alegada razón de carácter práctico había no pocas veces un temor a que la homonimia del Reino –el antiguo Reino- y la capital –aunque capitis disminuida- sirviese para una hegemonía de ésta en perjuicio del libre desenvolvimiento de otras ciudades o villas importantes de aquél [...]

Como soluciones más o menos confesadas al problema, han sido lanzadas algunas fórmulas. Una de ellas ha consistido en llamar “el País Valenciano” al antiguo Reino de Valencia. Manifestación importante de esta corriente fue la publicación, en 1933, del libro de Felipe Mateu y Llopis titulado precisamente El País Valencià. La fórmula no pretendía seguramente ser original, porque estaba inspirada por la expresión “el País Vasco” que se venía aplicando a las llamadas por unos “las Provincias Vascongadas” y por otros “Euskadi”. Además tuvo su primer florecimiento –relativo es verdad- en los años que precedieron a la segunda República española y durante el transcurso de ésta. El valencianismo político, incluso el de sentido más liberal, había venido siendo tachado de reaccionario por quienes veían en él una competencia, siquiera con la categoría de posibilidad remota. Emplear en tal caso la expresión “Reino de Valencia” casi equivalía a reforzar la acusación del enemigo, que no dejaría de interpretar lo de Reino como una afirmación monárquica. Y, en este sentido, la expresión “el País Valenciano” constituyó una oportuna adaptación y desempeñó una función más o menos modesta o, según se mire, más o menos brillante.


¿Es que –preguntará alguien- la fórmula “Región Valenciana” no bastaba para resolver el problema?... La verdad es que no bastaba. La palabra “región”, aparte de que parece referirse a una jerarquía secundaria o dependiente, tiene un sabor que, cuando no es puramente administrativo, es más bien físico o material, lo cual significa, en suma, que no abarca los valores históricos y espirituales que tan decisivamente contribuyen a configurar una personalidad [¿qué opinaria hui el senyor Almela de “la Comunitat’?...]

Estas dificultades que se oponen a dar con una denominación del todo conveniente para designar lo que actualmente pueda quedar del antiguo Reino de Valencia, ha sido una de las causas -¡no la única ni la principal!- para que se haya introducido hasta cierto punto la que sin exageración puede calificarse como nefasta costumbre de aplicar el ambiguo e inexacto nombre de “Levante” a las tierras de que se viene hablando, anomalía que será examinada a no tardar.

[...]

En primer término, llamar Reino al conjunto de las tierras valencianas responde a una tradición al mismo tiempo culta y popular. Esto último [...] es confirmado por Mateu y Llopis en su mencionado libro, cuando (págs. 89-90) escribe: Hui, en la comarca del Cènia enllà, La Cènia, Ulldecona, Alcanar; és a dir, als pobles de la ratlla de Catalunya, encara es diu “anar al Regne”, “tornar al Regne”, “vindre al Regne”, i atres frases semblants, tot referint-se a les comarques del Cènia ençà, el Mestrat, Morella, etc. ço és, als indrets de l’antic Regne de València. Igualment succeïx a les comarques de la ratlla de Castella, algunes hui de la provincia de València, com Requena, en les quals la gent vella encara té el costum de dir “ir al Reino”, “venir del Reino”, “vivir en el Reino”, etc., referint-se a les terres històricament valencianes, és a dir, a les que tenien com a ratlla el terme entre Requena  i Set-Aigües”.

Claro está que esta tradición tendría un valor muy relativo si solamente se entendiera como una boba contemplación del pasado y un acatamiento meramente formalista a los términos verbales de antaño. Pero la misma tradición puede alcanzar un valor muy considerable cuando se identifica con una de la virtudes más beneficiosas para los pueblos, como es la continuidad, gracias a la cual dejan aquéllos de perder el tiempo y las energías que se malgastan cuando, tras las soluciones de continuidad, hay que comenzar de nuevo y, generalmente, acudiendo a la improvisación...

Por otra parte, usar la palabra Reino aplicándola a Valencia proclama una jerarquía que tiene antecedentes en la época musulmana, que fue firmemente establecida en el siglo XIII por don Jaime I de Aragón y que fue mantenida dignamente por los monarcas de su estirpe. No puede negarse que dicha jerarquía resulta en la actualidad puramente platónica, por lo cual es frecuente que los escritores, curándose en salud –y aquí mismo se hará alguna vez- suelan referirse al “Reino de Valencia” llamándole “el antiguo Reino de Valencia”. Pero, con todo y con ello, la consideración de ese Reino de Valencia, antiguo o intemporal, permite advertir una serie de valores espirituales que todavía pueden ser útiles... incluso para la defensa de los valores materiales...

Con la cautelosa expresión “el antiguo Reino de Valencia” se quiere a veces dar a entender que quien la escribe elimina toda posibilidad de contenido político en cuanto éste se relacione con formas de gobierno. Es, además, una forma de prevenirse ante quienes consideran improcedente hablar del Reino de Valencia cuando tal Reino no tiene efectividad. Y no la tiene, desde luego. Pero se da el caso de que los mismos que, por esa falta de efectividad, se resisten a usar la expresión “Reino de Valencia”, emplean sin el menor empacho la expresión “Principado de Cataluña”, si es que no hablan de “el Principado”, designando así por antonomasia a Cataluña, como si no existiera el Principado de Asturias...

[...]

El caso es, para terminar, que no obstante los confusionismos apuntados, la aplicación de los términos “Levante”, “levantinos” y demás del mismo jaez al Reino de Valencia y a los valencianos se va haciendo cada vez más intensa y más extensa, lo cual tiene por de pronto el gravísimo inconveniente de ir relegando un nombre natural, histórico y -¿por qué no decirlo?- glorioso [el de Valéncia o Regne de Valéncia] en beneficio de otro artificial, moderno en su expresada acepción y sin timbres propios que le abonen. Pero es que, además, perdido el aglutinante espiritual que, a pesar de todo, constituye el nombre de Valencia, se facilitan combinaciones territoriales y administrativas cuyas consecuencias serán lamentables y posiblemente lamentadas, a la larga, por algunos de sus promotores.

Si el empleo abusivo y tendente a ser exclusivo de la palabra “Levante” como equivalente al Reino de Valencia o la región valenciana y también como expresión de un complejo geográfico en el que figuran ese Reino o esa región implica cuanto menos la relegación de un nombre natural, histórico y glorioso, el mismo peligro entraña el uso del vocablo “Cataluña” (y sus derivados) en determinado sentido moderno y artificial.

A veces se habla de Catalunya estricta, lo cual presupone la existencia de una Cataluña más amplia en la cual se halla comprendido el antiguo Reino de Valencia. En otras ocasiones diarios y revistas han incluido o incluyen noticias y comentarios de Valencia bajo la rúbrica Terres catalanes. Y no han faltado quienes, refiriéndose a tierras valencianas, las hayan designado con el nombre de Catalunya meridional...

No sería difícil señalar el comienzo de semejante actitud; pero bastará decir que se trata de una actitud reciente y sin ningún fundamento histórico. Porque, desde luego, puede afirmarse de una manera rotunda y categórica que el Reino de Valencia nunca ha formado parte del Principado de Cataluña, con el que mantenía poco más o menos las mismas relaciones que con el Reino de Aragón. Al menos así lo afirman historiadores catalanes de cuyo sentido catalán es imposible dudar [...]

Pero claro es que no hacían falta estas interesantes opiniones para que los valencianos conscientes se percatasen de la susodicha realidad. Les bastaba el conocimiento de la historia de su país, la cual no solamente les enseñaba que el Principado de Cataluña y el Reino de Valencia fueron independientes entre sí, sino también les mostraba que en más de una ocasión mantuvieron posiciones distintas o contrapuestas [...]

[...] No interesa de ninguna manera una enumeración exhaustiva [de les diferències entre els valencians i els catalans]. Es, en todo caso, tarea antipática, que solamente se halla justificada como reacción ante la tarea, no ciertamente simpática, de suponer o exagerar las similitudes [entre valencians i catalans].

Se trata, ciertamente, de cuestiones graves que no deben ser abordadas sin calcular previamente sus posibles consecuencias. Así, por ejemplo, del propio modo que se afirma, más o menos paladinamente, que las tierras valencianas son una parte o un apéndice de Cataluña, podría afirmarse que son una parte o un apéndice de Aragón. No faltarían para ello argumentos [...]

Y, puestos en semejante disparadero, no le sería difícil a Murcia reivindicar, ya que no todo el Reino de Valencia, por lo menos parte del mismo [...]

Mucho cuidado, pues, en dar malos ejemplos encaminados a destruir lo que todavía subsiste de creaciones históricas con indiscutible substantividad. [referint-se al Regne de Valéncia i a la personalitat valenciana diferenciada]

[...]

Aunque, según el dicho francés, le nom ne fait pas la chose, es innegable que el nombre mal aplicado puede inducir a error en cuanto a la realidad de la cosa. Por eso –y por algo más- conviene averiguar qué nombre debe darse a la lengua peculiar de los valencianos.

Y para ello hay que comenzar recordando la opinión más autorizada [la de nomenar-la llengua valenciana], la cual es precisamente la de los autores, la de los que crean; en este caso la de los autores valencianos que en los siglos XIV, XV y XVI contribuyeron de manera decisiva –cuantitativa y cualitativamente- a la formación de una literatura [...]

Valenciana se siguió llamando generalmente la lengua propia de los valencianos en los siglos XVII y XVIII. Fue en el siglo XIX cuando se empezó a procurar que dicho nombre desapareciera, lo cual ha continuado más intensamente en el siglo actual. [...]

Y conste de una manera explícita que en todo lo anteriormente escrito no hay la menor reticencia sobre Cataluña, ese fraterno país admirable por muchos conceptos y ejemplar por no pocos; de la misma suerte que no hay el menor desafecto -¿cómo podría haberlo?- hacia la hermosa y robusta lengua catalana, tan noble en su pretérito y tan fecunda en su renacer.

Francesc Almela i Vives, Valencia y su Reino. 1965


En fi. Qué fàcil és estar d’acort en una persona que, simplement, diu la veritat d’una manera tan natural i tan assossegada.

De totes maneres, per a la reflexió (especialment, perque els aprofitaré per als pròxims posts que estic preparant), torne a copiar alguns paràgrafs que em resulten particularment inspirats:
                                           

La palabra “región”, aparte de que parece referirse a una jerarquía secundaria o dependiente, tiene un sabor que, cuando no es puramente administrativo, es más bien físico o material, lo cual significa, en suma, que no abarca los valores históricos y espirituales que tan decisivamente contribuyen a configurar una personalidad.

[repetixc: qué diria ara Almela de l’equivalent constitucional de “regió” en l’actual Espanya de les autonomies: la Comunitat]


La misma tradición puede alcanzar un valor muy considerable cuando se identifica con una de la virtudes más beneficiosas para los pueblos, como es la continuidad, gracias a la cual dejan aquéllos de perder el tiempo y las energías que se malgastan cuando, tras las soluciones de continuidad, hay que comenzar de nuevo y, generalmente, acudiendo a la improvisación...

[referència clara a les intencions d’alguns de fer tabula rasa de qualsevol recort –fotesa foral, anomalia històrica, dia Fuster- del Regne de Valéncia de l’época foral]


La consideración de ese Reino de Valencia, antiguo o intemporal, permite advertir una serie de valores espirituales que todavía pueden ser útiles... incluso para la defensa de los valores materiales...

[com la base d’un moviment identitari estrictament valencià, perfectament homologable al català, al vasc, al gallec... i naturalment hegemònic en una societat que a pesar de tot –i de tots: polítics, intelectuals, poder econòmic...-, continua sentint-se valenciana de forma majoritària. Un moviment que podríem haver estat construint des d’eixa época dels anys xixanta... si alguns no hagueren estat en atres coses]


Mucho cuidado, pues, en dar malos ejemplos encaminados a destruir lo que todavía subsiste de creaciones históricas con indiscutible substantividad.

[referint-se a l’incipient catalanisme entre valencians, promogut significativament per Joan Fuster en Nosaltres els valencians tres anys abans de la publicació de Valencia y su reino. Perque a voltes passa que es destruïxen les coses, pero no es construïx absolutament res que valga la pena, i després passa lo que passa]


¿O no?


Anunci de la Caja de Previsión Social del Reino de Valencia en la revista Pensat i fet (1936, en plena Segona República)



3 comentarios:

0=€:::JOSE:::> dijo...

Molt bo Masclet m'agradat molt.
Per cert, he fet la correciio, ha segut un fallo.
En quant al llibre ¿Saps a on puc trobar-lo?
M'agradaria llegir-loencara que fora via internet, me pareixmolt interesant.
En fi, enhorabona per l'articul i gracies per la rectificacio.

Masclet dijo...

Moltes gràcies Jose. L'Ajuntament de Valéncia feu una edició en 2004, reproduint fidelment l'original de 1965, en fotos, mapes, etc.

Estava per uns 30 euros. En la llibreria de l'Ajuntament (al costat de l'entrada principal, en l'edifici de la plaça de l'Ajuntament) segurament el trobaràs si no s'ha agotat. I per internet, en la Casa del Libro.

També en les llibreries habituals: Paris Valencia, El Corte Inglés (no és que vullga fer propaganda, pero són dos llocs que solen tindre esta classe de llibres).

Albert dijo...

Este post m'ha paregut sublim, glorios, a la pregunta que tu fas, ¿que haguera dit hui en dia Almela del terme Comunitat? afegixc yo, ¿que li haguera paregut a est home que utilisaren el seu nom per a embrutar llibres? Ho dic perque yo he vist llibres d'historia de l'editorial Almela i Vives que donen oix vore-los de lo falsificats que estan.